Bay of Islands & Northland
- 4 dic 2015
- 3 Min. de lectura
Un viaje hermoso que casi se suspende por falta de pasajeros. El viernes en la noche después del trabajo salimos con Jose rumbo norte. Llegamos a Paihia a las 21:30hs, bastante tarde para Nueva Zelanda pero después de dejar los bolsos en el hostel Peppertree, vimos que había un par de lugares abiertos para cenar. Fuimos Thirty30 que estaba justo enfrente del hostel y pedimos unas hamburguesas gigantes con papas y aros de cebolla. El lugar era “el boliche del pueblo” así que no sólo cenamos sino también escuchamos música en vivo y terminamos bastante más tarde de lo que teníamos planeado. También fuimos a una playita muy cercana al centro desde donde se ve un cielo totalmente estrellado que ilumina el mar.
Al día siguiente arrancamos temprano ya que íbamos camino Cape Reinga, el punto más septentrional de Nueva Zelanda. No desayunamos en el hostel ya que nos levantamos un poco más tarde por la transnochada y paramos en un pueblo casi fantasma, Kaeo, a tomarnos un cafecito para despertarnos un poco. El viaje se hizo un poco largo y tedioso, no sólo porque íbamos cansados, sino también porque era todo el camino recto y estuvo todo el tiempo nublado. Pero tuvimos suerte, apenas llegamos a Cape Reinga salió el sol y valieron la pena todos kilómetros recorridos. Al llegar al lugar sólo hay un faro, además de un cartel indicando las distancias a distintos puntos del mundo. Desde allí, se puede acceder a distintas caminatas. La vista es increíble, se ve como se junta el mar Pacifíco con el de Tastamania en una gama de turquesas que pocas veces a he visto. Luego paramos unos minutos en Taputaputa Bay, una playa con una vista hermosa pero bastante peligrosa como para nadar allí.

El siguiente destino fueron las Giant Dunes, un lugar de ensueño que parece no tener nada que ver con el resto del paisaje típico de Nueva Zelanda. Subimos a las dunas más altas, lo cual cansador sobre todo considerando que el sol ya había salido para quedarse. Muchos allí hacían sunboard, pero nosotros estábamos un poco apurados ya que teníamos que encontramos con el resto de los viajeros que se sumaban ese día.

El camino de vuelta se hizo más ameno ya que fuimos jugando algunos jueguitos para que se hiciera más entretenido. Nos dirigíamos hacia el Bosque de Kauris, donde nos encontraríamos con Dani y Pablo, pero había habido un accidente en esa ruta y decidimos volver por la misma ruta que vinimos y encontrarnos con los chicos en el hostel. En el camino, paramos en Taipa Bay, donde estuvimos nadando un rato para ya emprender la vuelta.
Me acuerdo que antes de llegar, paramos en el super y Jose me hizo bajar a la kiwi –en patas- y me congelé. Compramos para hacer un asadito y nos fuimos a comer una pizza a Franks Pizza frente a la costa ya que todavía no almorzábamos porque no había prácticamente nada en el camino, habíamos estado a puro mate y bizcochuelo. Más tarde en el hostel nos encontramos con los chicos y empezamos a preparar todo para el asado. Después de cenar nos fuimos a caminar por la costa y esta vez sí nos acostamos temprano.
El domingo desayunamos en El Café, que es de un chileno y prepara unos desayunos super gordos y deliciosos. Yo pedí Rusti Rosti, un plato con tortilla de papas, huevos y bacon además de moccacino. Dani y Pablo que fueron más temprano a desayunar pasaron un buen rato charlando con el dueño del café, quien les estuvo contando un poco sobre cómo había terminado en Paihia.

Todos los domingos, como en muchas otras ciudades de Nueva Zelanda, se hace un mercado; y lo que tiene de particular el de Paihia es que también hay una muestra de autos antiguos. Luego fuimos en kayak hasta las Hururu Falls. La marea estaba un poco baja por lo que no pudimos acercarnos tanto a los manglares, pero pudimos ver una gran variedad de pájaros característicos de la zona. Después de dos horas de kayak fuimos a almorzar unas ribs en el centro de Paihia.

Los chicos emprendieron la vuelta y con Jose cruzamos a Russel, un pueblito encantador de arquitectura victoriana que fue el primer asentamiento europeo y la primer capital de Nueva Zelanda.

De allí fuimos hasta Rawhiti, un pueblito aún más chiquito en Bay of Island, adonde paramos a bañarnos y tomar unos matecitos. Justo cuando estábamos allí había una pareja pescando con red y nos quedamos observándolos un rato.

El último destino fue Elliot Bay, una playa divina y super solitaria. Jose se fue a caminar por las rocas mientras yo me quedé admirando el paisaje y sacando algunas fotos.





















Comentarios