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Bombinhas & Porto Belo

  • 7 feb 2017
  • 4 Min. de lectura

Llegar a Bombinhas no es tan sencillo. El 24 de enero a las 9:00 am salí en ómnibus desde Florianópolis hacia Porto Belo, donde me tomé otro micro hasta Bombinhas, el cual no pasa muy seguido. El trecho desde la parada del micro hasta donde me alojé se hizo bastante largo ya que era todo de subida y por calles empedradas. Allí hice mi primera experiencia con Worldpackers que consiste en intercambiar trabajo por alojamiento. El lugar se llamaba Residential Sunset, unas cabañas que se encontraban sobre un morro muy cerca de la playa Lagoinha. Desde mi habitación tenía una hermosa vista al mar. Sólo tenía que trabajar 4hs por día aunque a veces no había muchas cosas que hacer por lo que sólo ayudaba dos horas y ya estaba libre. Preparaba las cabañas, paseaba al perro y ayudaba a mantener el jardín. Luciana y Eduardo eran los dueños de las cabañas, un matrimonio de unos 40 años. Ella me contaba que todos los años se iban unos 2 o 3 meses de vacaciones en invierno ya que Bombinhas está muerto en temporada baja.

El día que llegué lo tuve libre y salí a almorzar y a recorrer algunas playas, ya que hay muchas pequeñas que están una al lado de la otra. Fui a la playa de Bombinhas, al Trapiche (un pequeño puerto turístico), Prainha, Praia do Embrulho, Lagoinha y Sepultura.

En Sepultura estuve un rato en el agua hasta que empecé a sentir algo que picaba: eran unos pececitos así que me salí. Pasé también por la Playa Recanto dos Padres que si no hubiera sido por la música y la publicidad que pasaba el restaurante que estaba al lado, me hubiera quedado porque no había tanta gente como en las anteriores.

De ahí volví hasta el centro de Bombinhas y fui hasta Quatro Ilhas, una playa mucho más extensa, del lado contrario a las demás playas. Hacía mucho más calor que en Florianópolis y me comentaron que hacía mucho que no llovía.

A la tarde/noche anduve por el centrito de Bombinhas, que está lleno de restaurantes y tiendas, ya que es un lugar super turístico. Es muy bonito ya que las calles son empedradas y hay varios edificios coloridos.

Al día siguiente fui caminando hasta la Playa de Bombas y estuve paseando por el centro que es mucho más nuevo que el de Bombinhas. Incluso tiene una ciclovía sobre la calle principal que es la que bordea la costa.

En la tarde, cuando andaba por el centro y ví que justo había misa en Nossa Senhora dos Navegantes y me quedé. Me pareció buenísimo que tuvieran una pantalla gigante para pasar las letras de las canciones así que casi todos cantaban.

El jueves 26, después de trabajar me fui Canto Grande, que es un pueblito mucho más tranquilo que queda a unos 40 minutos en micro. Pegado al Trapiche del pueblo, salen dos trilhas (caminatas) la del Morro dos Macacos y la de Tainha. Hice la del Morro dos Macacos que demora unos 40 minutos de ida y tiene una vista muy linda de la Playa de Canto Grande y Mariscal.

Cuando bajé del morro me fui hasta la playa Conceição que es la que le sigue a Mariscal, pero está pegada al morro. Es una playa amplia y mucho más tranquila que las de Bombinhas que están plagadas de turistas, principalmente argentinos. Había mucha gente tomando clases de surf.

El viernes tenía libre la mañana por lo que fui a las playitas cercanas e hice la trilha de Sepultura que llega hasta la punta de Sepultura y tiene una vista hermosa. Después de trabajar me fui a la playa de Bombinhas y comí algo por ahí.

Tenía ganas de hacer buceo, pero a partir del sábado se descompuso el clima, estaba bastante nublado y había lluvias frequentes. Ese día fui hasta Quatro Ilhas por otro camino que sólo es para peatones, pasando por Posada Arvoredo, que es la más vieja y conocida de Bombinhas. Hice parte de la Trilha de Quatro Ilhas que tiene una vista preciosa de la playa. Lamentablemente, no hay paso abierto por el morro para llegar hasta Playa Mariscal, por lo que sólo se puede llegar por la ruta. En la noche, una pareja uruguaya que se estaba alojando en el mismo lugar, me invitó a un bar adónde tocaba uno de ellos, así que me fui con ellos.

El domingo, a pesar de que el clima estaba feo, ya que había llovido toda la noche, volví a Canto Grande para ver si podía hacer la Trilha que lleva a la Playa de Tainha. Hice unos 15 minutos y no pude seguir, el camino estaba demasiado embarrado y con unos charcos de agua muy grandes así que me volví hasta el Trapiche y averigüé por los paseos en barcos. Justo salía un paseo hasta Ilha dos Macacos y si el clima mejoraba un poco paraba también en Tainha. Pero el clima no mejoró, y el viaje estuvo bastante movidito porque el mar estaba muy picado. Paramos igual en otra playita. Yo sólo me metí cuando paramos en Ilha do Macaco. En el paseo estuve charlando con una chica de Buenos Aires que todos los años iba con su familia a Canto Grande. Apenas llegamos se largó un tormentón así que me fui corriendo hasta un café y me quedé ahí hasta que se hiciera el horario en que pasaba el micro.

El lunes fui hasta Porto Belo. Estuve paseando por el centro y me tomé un barquito desde el Pier para conocer Ilha do Porto Belo. La isla es bastante turística: tiene restaurant y algunos paradores en la playa, se puede hacer buceo, paseos en banana, kayak, tirolesa y hay también una trilha y un pequeño museo.

Llegan embarcaciones bastante seguido. Yo estuve un ratito en la playa, fui al museíto, hice la trilha y me volví a Porto Belo a almorzar. Fui a Armazén Bistró y me pedí una carne acebolda que venía con arroz, papas, puré y ensalada y estaba muy rica.

Cuando volví a Bombinhas estuve un ratito en el Trapiche viendo a las tortugas.

El martes no paró de llover, por suerte el hermano de Luciana me acercó hasta la parada del micro sino hubiera llegado empapada. Me tomé un micro hasta Porto Belo y desde allí otro hasta Balneário Camboriu donde esperé el micro a Sao Paulo para hacer la conexión a Ubatuba, mi próximo destino.

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