Encarnación, Trinidad & San Cosme y San Damián (Paraguay)
- 3 ene 2017
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Pasar por Paraguay no estaba en mis planes, pero cuando le conté a Yami, una amiga de Posadas que conocí en el 2000 en un viaje a Edimburgo, que iba a pasar por allí me dijo que me quedara al menos un día en su casa. Sin embargo, ella llegaba de sus vacaciones recién el 6 de enero. Así que agarré un mapa y miré adónde podía ir para "hacer tiempo" hasta que ella volviera. Así, el 3 de enero salí de la terminal de Paraná con rumbo a Posadas. Me fui en taxi desde el hostel con un chico de Comodoro Rivadavia, Leo, y le comenté antes de salir que yo me iba a Encarnación a ver más que nada las ruinas jesuitas y se interesó en el lugar ya que él pensaba ir Posadas y de ahí hacer Iguazú. El colectivo, que venía de Córdoba, salió con un poco de retraso y apenas subí me dieron la cena. Me tocó sentarme al lado una chica de Israel que estaba recorriendo Argentina. Por suerte, pude dormir casi todo el viaje.
Llegué a Posadas después de las 10hs y ahí mismo me tomé el micro que va a Encarnación. Era un micro de línea que se llena aunque salga cada 15 minutos, ya que hay muchísima gente que cruza el puente para ir de compras.

El micro para en la aduana argentina, ahí todos se apuran para bajar rápido así pueden tomarse el mismo micro sino hay que esperar a siguiente. Luego, vuelve a parar en la aduana paraguaya en donde también hay que esperar al siguiente micro para llegar a la terminal. El pasaje es muy barato, salía sólo $23... eso sí casi seguro se viaja parado!
La primera impresión de Encarnación no es tan linda, ya que uno llega al circuito comercial apenas pasa la aduana. Allí hay un millón de puestitos que venden de todo, particularmente cosas electrónicas para que los que cruzan sólo a comprar. En la aduana me encontré con Leo, que se decidió por visitar Encarnación y lo esperé en la terminal ya que nos tomamos micros diferentes. Hicimos el check in en Hostel Colonial, muy cerquita de la terminal. El hostel estaba muy bien ubicado, a sólo 3 cuadras de la terminal y 3 de la costanera. El personal muy amable y todo muy limpio. El desayuno no era muy rico, pero estaba bien.

Más tarde, nos fuimos a la terminal para cambiar plata y salir con destino a Trinidad. Los micros en Paraguay son bastantes precarios y con el calor y la humedad el viaje se hace bastante pesado. Desde la parada del micro son unos 600 metros de calor hasta las ruinas de la Santísima Trinidad. El lugar es precioso, es la reducción guaraní mejor conservada del Paraguay y la más extensa. Fue fundada en junio de 1706, y en 1728 contaba con una población de 3000 indígenas guaraníes.

Pensábamos ir a las ruinas de Jesús de Tavaré pero estaba por llover y decidimos volver. E hicimos bien porque apenas nos subimos al micro se largó un tormentón. Fuimos al centro, compramos algo para comer en el super y nos fuimos al hostel a tomar unos mates.

Más tarde salimos a caminar por la costanera, pasamos por playa San José hasta llegar a un cartel grande que dice Yo amo Encarnación, a la vuelta nos tomamos una cerveza en un barzucho bien local que quedaba enfrente del hostel. La pasamos bien escuchando el acento tan lindo de los paraguayos y sus conversaciones.

Al día siguiente fuimos para San Cosme y San Damián, en un principio la idea era hacer las dunas y las ruinas, pero como no paró de llover sólo fuimos a las ruinas y al planetario, ya que la entrada estaba incluida con la entrada a las ruinas. Nos llamó la atención la historia de uno de los jesuitas, Buenaventura Suárez que se dedicaba a la astronomía y en la misión incluso construían los telescopios con materiales de la zona, como caña y maderas, y hasta pulían el vidrio.

Cuando terminamos el recorrido nos tomamos un café con leche en el único restaurante del pueblo mientras hacíamos tiempo hasta que pasara el micro a Coronel Bogado ya que es el único que pasaba por ahí y luego hicimos trasbordo a Encarnación.
Cuando llegamos al hostel le estuve preguntando al recepcionista cómo tomaban el mate en Paraguay, y me comentó que él en particular lo tomaba con agua fría más que con jugo, a la cual le ponía menta y cedrón. Usan un mate distinto al argentino, con forma cilíndrica y un termo más grande.

Más tarde ese día fuimos a caminar nuevamente por la costanera, pasamos por el Silo San José y otra vez por la playa San José y fuimos a comer Encarnación Playa que me lo había recomendado Cristian, el recepcionista del hostel.

Yo aproveche que en Paraguay salir a comer es muy barato y me pedí un surubí con puré de papás y un Concha y Toro Sauvignon Blanc para acompañar. Estaba todo delicioso.

Al día siguiente salí con destino a Posadas, pero esta vez en tren que sólo demora 8 minutos en cruzar el puente y tiene aduana integrada en Argentina. Sale un poco más caro que el micro pero no hay demoras. Igualmente si uno no va apurado creo que vale la pena la experiencia de cruzar al menos una vez en micro.

Sinceramente Paraguay me sorprendió con sus paisajes y su gente tan amable. Espero poder volver pronto para visitar otros destinos.





















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