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Florianópolis - Parte 2

  • 31 ene 2017
  • 6 Min. de lectura

El miércoles quedé en juntarme con Camila, una chica de Buenos Aires que conocí en Iguazú, para hacer una caminata de 3 horas hasta Costa da Lagoa. La pasé a pasar por el hostel Koze en donde yo también iba a quedarme dos noches, y de ahí partimos. La caminata en realidad dura 2 horas pero nosotras caminamos hasta donde empieza por el micro hasta el comienzo de la trilha pasa cada una hora.

El camino va por partes pegado a la costa de la Lagoa y por partes por un morro y hay piedras bastantes grandes. En una parte del camino había varios monitos, lamentablemente no se ven muy bien en las fotos que saqué. En el camino hay un ingenio de harina de fines del siglo XVI todavía en actividad y el sobrado de Dona Loquinha, un caserón de temporada, ambos construidos por los esclavos.

Luego ya entramos al pueblito, muy pintoresco y colorido con las casas o restaurantes ubicados en la calle que bordea la costa.

Desde allí salía un desvío para llegar a las cascadas. Ya no aguantábamos más el calor así que nos vino bien el chapuzón.

De ahí fuimos a almorzar Terramar sobre la costa de la Lagoa. Yo pedí pescado con verduras y Cami se pidió una hamburguesa.

Como a las 5 pegamos nos tomamos un barco para volver a Lagoa.

A la noche fuimos con Facundo, un chico de La Plata que había conocido Cami el dia anterior, a comer mini calzones, caminamos un rato por la Av. Das Rendeiras y nos quedamos viendo como pescaban.

El jueves 19 me fui a conocer las playas del norte que no había alcanzado a ver. El micro que va desde Lagoa a Canasvieras pasa por una ruta mucho más linda que el que va desde el centro ya que pasa por el Parque do Rio Vermelho. Me bajé en Ingleses, me llamó la atención que el centro era bastante más grande de lo que esperaba, estuve caminando por la playa hasta llegar a las dunas, desde allí se puede cruzar a Santinho, adonde fui pero por el camino convencional ya que había muchísimo viento para atravesar las dunas.

Entré a la playa por un camino que es sólo para peatones y que llega directamente a las dunas, precioso. Santinho es mucho más tranquilo que Ingleses y se ve que es más exclusivo.

De allí me fui a Praia Brava, en donde estuve con un grupo de cordebeses, estuve hablando principalmente con Camila que vivía hacía ya un año en Florianópolis y antes había vivido en Bahía.

Me recomendó conocer Lagoinha do Norte, así después de un rato me fui a esa playa que era muy bonita pero un hormiguero de gente. Ese día hacía muchísimo calor así que me tome un coco gelado para refrescarme y después me volví.

A la noche cenamos hamburguesas con Facu, Cami y otra Cami de San Juan en uno de los Food Truck de Lagoa.

A la mañana siguiente me instalé en otro hostel, Sun backpackers y fui a conocer el centro. Primero fui a la Av. Beira do Mar, ahí hay una ciclovía bordeando el mar y con vista al continente. Pasé por uno de los carteles emblemáticos de la ciudad que dice Sou bem floripa y después me fui para la parte del Mercado Público.

En la parte de afuera del mercado venden verduras, frutas, embutidos y frutos secos y adentro pescados y carnes. En la galería están ubicados todos los restaurantes. Justo en frente al mercado había un grupo de gente bailando e invitando a bailar a todos los que pasaban así que me quedé bailando un rato.

Fui hasta la catedral y pasé también por la Plaza 15 de noviembre en cuyo centro tiene una higuera centenaria gigante.

Volví al mercado y almorcé ahí pescada branca con ensalada, arroz y papas. La porción era gigante y estaba muy rica. Pasé por la Rodoviaria (Terminal de Ómnibus) para averiguar cómo llegar a Bombinhas ya que hay muy poca info en internet y nadie sabe decirte bien qué micro tenés que tomarte. Estuve un rato mirando una exposición temporaria sobre Saint-Éxupery que estaba junto a la oficina de turismo.

Llegué al hostel, me recosté un ratito y me quedé re dormida. Cuando me desperté, como a las 18hs, me fui a Praia Mole, que es la playa que queda más cerca de Lagoa y es muy bonita.

Luego me fui a Icerim, adonde tomé una clase de Forró. Éramos 5 tomando la clase: una porteña, un uruguayo de Rocha, un peruano de Lima y un brasilero. Carlo, el peruano, también se iba para Lagoa así que nos volvimos juntos caminado y cenamos algo por ahí.

El sábado 21 en la mañana me pasaron a buscar Ade y su vecino Fernando para ir a hacer la Trilha de Costao do Santinho, que arranca en la playa de Santinho donde uno comienza a subir el Morro das Aranhas con vista a la costa hasta llegar Playa Mocambique y luego la vuelta es por la parte de adentro pegado a las dunas.

La ida es mucho más complicada que a vuelta ya que no hay piedras, ni barro, ni caminos estrechos. Pasamos también por la Lagoa das Lavadeiras, una pequeña laguna donde había una familia pescando.

Nos llevó unas 2:30hs hacer todo el recorrido, llegamos y tomamos un jugo de frutas frente al mar. De ahí nos fuimos a almorzar a Sambaqui al Restaurante do Gugu. Pedimos risotto de frutos del mar, ensalada y pirão.

El pirão es una papilla de harina de yuca hecha mezclando ésta con agua o caldo que generalmente se ha preparado con pescado. Lo encontré un poco desabrido y me daba un poco de impresión la textura viscosa, así que sólo comí un poquito. Los frutos de mar estaban exquisitos. Tanto de ida como de vuelta pasamos por Santo Antonio de Lisboa, otro de los barrios con numerosos restaurantes que ofrecen frutos de mar.

Al atardecer fuimos a tomar una caipi a un bar, Sufocos, que queda justo en frente de Lagoa Pequena en Campeche, pasamos por el super y ya nos volvimos.

El domingo en la mañana salimos hacia el sur, yo quería ir en micro ya que me parecía muy lejos, pero Ade insistió en ir en la moto. Fuimos hasta Ribeirão da Ilha que fue la primera comunidad habitada de Florianópolis. Hay casas antiguas de estilo azoriano que, junto con las granjas marinas de cultivo de ostras son los principales atractivos del lugar. Hay una buena oferta de restaurantes especializados en ostras y productos del mar. Hicimos dos paradas: una en la Igreja Nossa Senhora da Lapa, y otra en la zona donde hay más restaurantes.

Incluso entramos a uno de los restaurantes emblemáticos, Ostradamus, para conocerlo ya que está todo ambientado como si fuera un barco, los mozos están vestidos de marineros y tiene un deck sobre la playa.

De ahí seguimos camino y pasamos por Caiera do Sul hasta llegar hasta el final de la calle adonde empezaba la Trilha dos Naufragados. Según la info es una caminata de 1 hora, pero la hicimos en 45 minutos. La primera parte es la más pesada ya que hay una subida bien empinada para llegar a la cima del morro y después es bastante tranquila. En barco o caminando, son las únicas formas de llegar a la Praia dos Naufragados. La playa es bastante tranquila ya que si bien va mucha gente, al estar a una hora de caminata, no son tantos los que se atreven además de estar en el punto más austral de la isla. Estaba lindísimo para meterse al mar y el agua se veía bien turquesa.

A la vuelta you quería probar las ostras con queso grillado así que paramos en Umas & Ostras, adonde llegamos justo 10 minutos antes de que cerraran, ya que los domingos sólo abren a la hora del almuerzo y cierran a las 18hs. Pedimos Ostras grelhadas y unas caipi, estaban deliciosas. Yo sólo había probado ostras de Cancale en Francia, pero crudas y no me habían gustado tanto como estas. Si vuelvo a Cancale algún día tendré que probarlas cocidas :)

El lunes 23, mi último día en Florianópolis, tenía pensado ir a Ilha do Campeche por lo que me fui a Armação desde donde salían las embarcaciones, pero no tenían más lugar.

Existía otra opción desde Praia do Campeche, bastante más cara y fui a intentar allí por las dudas pero tampoco tenían lugar. De todos modos me quedé allí ya que el día estaba hermoso y yo cuando había ido el primer día a Campeche estuvo lloviendo y no se podía apreciar mucho la belleza de la playa.

En el camino de vuelta me compré un Açaí con frutilla, ya que aún no lo había probado. El açai es el fruto de la palmera que crece en estado silvestre, al norte de Brasil, en especial en el Amazonas en árboles llamados Açaizeiros. Lo preparan como si fuera un helado y uno puede agregarle frutas o cereales y lo venden en todos lados. Dicen que es una rica fuente de antioxidantes y nutrientes, y además contiene omega 3, 6 y 9, por lo que es bueno para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Es bastante llenador, mucho más que un helado por lo que puede reemplazarse tranquilamente por una comida.

A la noche fuimos Pachamay Resto-Bar que se veía muy bonito y que tenía Forró en vivo. Pero la verdad es que nos pareció carísimo, las porciones eran muy chicas y el servicio no fue muy bueno.

Ade se pidió un ceviche (miniatura) y se quedó con hambre, cuando volvimos, tuvo que cenar de nuevo.

Al día siguiente, Andrea, la vecina de Ade me llevó hasta la parada del micro así no tenía que andar con la valija.

 
 
 

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